Soy animalista, antitaurina y no, no soy vegana

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Desde hace varias semanas una interrogante resuena con fuerza en mi cabeza, está se intensifica los martes en el programa de radio que conduzco con mis compañerxs en la universidad. Hace varios días he estado pensando en esta posibilidad. Llevo ya tiempo sintiéndome mal, pensándome como una asesina, deshonesta e inmoral. ¿La causa? La causa es simple, incómoda y triste; y esta a su vez tiene nombre: maltrato animal y conservación ambiental

Siempre he tenido conciencia ambiental, pues crecí en un hogar en el que se respeta a la naturaleza y a los animales, mis padres en su infancia y juventud no es que estén viejos vivieron rodeados de vegetación y animales, de allí el profundo amor y respeto que le profesan y que con ahínco nos han transmitido a mis hermanxs y a mí. En mi casa el ahorro y el reciclaje son temas rutinarios, aquí nunca, bueno casi nunca, encontrarás alimentos descompuestos, se prioriza el consumo de vegetales, compramos bebidas en botellas de vidrio y reciclamos las fundas y botellas plásticas, intentamos no tardarnos mucho en la ducha, aunque con el cabello que mi hermana y yo tenemos, aún seguimos fracasando en el intento.

Empecé a pensar más seriamente en esto de la conservación ambiental hace un par de meses, cuando una de mis amigas más cercanas se involucró de cerca con el tema ambiental y se obsesionó con el mismo. Durante su breve estancia en el Ministerio de Ambiente palpó de cerca la realidad a la que nos enfrentamos como país.

Somos uno de los países más privilegiados del mundo, contamos con un 10% del total de especies vegetales de todo el planeta, de este porcentaje la mayor parte está en la Cordillera de los Andes donde se calcula que hay aproximadamente 10 mil especies, en la Amazonía existen alrededor de 8.200, de ese número 2.725 especies son orquídeas y en Galápagos hay cerca de 600 especies nativas y otras 250 introducidas por el hombre. Tres de las doce zonas claves de biodiversidad, identificadas por el Norman Myers, se encuentran en el Ecuador continental y la diversidad climática ha dado lugar a más de 25 mil especies de árboles.

En Ecuador también está el 8% de las especies de animales y el 18% de las de aves de todo el planeta, existen cerca de 3.800 especies de vertebrados identificadas, 1.550 de mamíferos, 350 de reptiles, 375 de anfibios, 800 especies de peces de agua dulce y 450 de agua salada. De igual forma, este pedacito de tierra, tiene el 15% del total de especies endémicas de aves en el mundo, las cuales habitan en los Andes, en la región la costa y en la amazonía, así mismo las especies de insectos sobrepasan el millón, y las mariposas llegan a las 4.500, distribuidas a lo largo y ancho de nuestro pequeño territorio.

Pero no todo es tan maravilloso como parece y también somos un país que tiene un sinnúmero de especies en peligro de extinción. A esto debemos sumarle el riesgo al que constantemente están expuestas las especies marinas en las costas del Pacífico, o sino recordemos que en Galápagos una embarcación china, fue capturada mientras realizaba actividades de arrastre ilegal, en aquella ocasión 300 toneladas de especies protegidas fueron pescadas.

Como es lógico, me sentí profundamente indignada últimamente esta es mi reacción a todo en la viday molesta, porque pensaba en todas las especies marinas que estaban siendo afectadas y asesinadas por estas personas inescrupulosas. Pero luego pensé rápidamente en los pescados, camarones, langostinos, cangrejos, pulpos y demás que me he comido a lo largo de mi “corta” existencia y quise minimizarlo, sin éxito porque más tarde aparecieron nuevamente.

En la universidad tenemos un programa de radio ideado por mi amiga la ambientalista y del que les dejo el enlace por si les interesa chequear Uywakuna Pacha en el que hablamos sobre la fauna silvestre, la investigación semanal que realizamos sobre el tema nos ha llevado a conocer sobre muchos aspectos de la vida de los animales, ha entender que no solo los golpes son maltrato, también lo son el abandono, el encierro, no alimentarlos adecuadamente, el comercio y dejar que enfrenten las condiciones climáticas a la intemperie.

Siempre he estado en contra de cualquiera de estas formas de maltrato, aun sin conocerlas, pero un día alguién me hizo pensar en que comer animales también es una forma de maltrato y que el simple hecho de comerlos me convierte en una asesina… y claro, yo pensé ¡qué carajos! como se te ocurre decir que soy una asesina y, para rematar, doble cara. En su momento esto me pareció una acusación ilógica y desatinada, hasta que me puse a reflexionar sobre cómo matan a los animales que consumimos. No hace falta ir muy lejos para entender la magnitud del maltrato que se infringe a los animales previo a su muerte. Cortes y abrasiones causados por los cuchillos y otras herramientas, caídas en suelos resbaladizos, quemaduras y escaldaduras por agua caliente y vapor, son algunas formas de maltrato que los animales aptos para el consumo humano padecen.

He revisado documentales, artículos de prensa, he visitado sitios de veganismo y he buscado las ventajas y desventajas de consumir productos provenientes de animales, pero en realidad nada de esto me ha convencido, la única razón que me ha llevado a replantearme mis hábitos alimenticios ha sido la crueldad con la que los animales son sometidos. Ante esta situación he pensado seriamente en dejar de comer carne, pero como en muchas otras cosas que he intentado, no he tenido éxito. Y es que es difícil desacostumbrarse a comer algo que consideramos delicioso; y en mi caso considerándome una carnívora en potencia es aún más difícil.

Aunque esta sea una de las mayores contradicciones en mi postura de animalista y antitaurina, consumo proteínas de origen animal, en serio he intentado dejar de comer carne, pero al final del día siento un vacío enorme en el estómago y la ajetreada vida que llevo me impide buscar sitios en los que solo vendan comida vegetariana, además esta es muy costosa y en mi condición de estudiante —pobre, cansada y desempleada— no puedo darme ese lujo, pues tengo otras necesidades.

En una búsqueda microscópica por entender esta contradicción, entendí que todos los animales mueren sacrificados en la cadena alimenticia porque es parte de la vida, es un orden, es NATURAL y aunque nos hayamos convencido de que nuestra condición de racionalidad nos compromete a tener otro tipo de comportamientos que van más allá del instinto, esto puede ser una completa exageración, porque la mayor parte del tiempo reaccionamos instintivamente ante el mundo que nos rodea, como lo afirma el científico Alex Pentland.

En el reino animal siempre se ha matado, no por diversión, sino por necesidad; y comer es una necesidad. Aunque no intento justificar mi doble moral, comer carne no es tan inhumano como ver gente que disfruta cuando un animal agoniza mientras es torturado hasta morir, solo porque él o ella consideran que esto es “cultura y tradición”. Aún me cuesta ser animalista, antitaurina y no ser vegana, pero seguiré en el intento de dejarlo, sin sentirme una asesina, pues al fin y al cabo comer es natural, tanto como dormir, respirar, descansar, abrigarse y tener sexo.

Aunque aún no sé si la contradicción consista en comer carne o en comer carne que patrocina el maltrato animal, de lo que sí estoy segura es que no se puede construir un discurso de conciencia y amor a los animales a partir del odio y el desprecio hacia los animales humanos.

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MAMA ZOILA: EL LEGADO DE LA NEGRITUD

Este es un texto que escribí en octubre, para la La Caja Negra, con la inspiración de una gran mujer, icono de la cultura afro y símbolo de reivindicación de la negritud. La realización de este trabajo me enorgullece porque me ha acercado más a mi búsqueda constante de identidad, a la herencia cultural que me dio mi padre y lo escribí con profunda alegría para conmemorar el mes del pueblo afroecuatoriano.
Pueden leer el texto original AQUÍ

Dicen que cuando alguien tiene un talento, ese alguien es el último en darse cuenta. Y así me sucedió a mí con la escritura —o eso dicen—; la facilidad de dibujar historias en mi cabeza, de engañar a la tristeza, al sueño y al cansancio, mientras escribo, se asemejan al amor por el baile de la “Reina de la Bomba”. Zoilita decía que el hambre, el sueño y la tristeza se pueden curar bailando bombaY es que cuando uno ama lo que hace es fácil hacerlo.

Yo descubrí la bomba a temprana edad. En casa mis padres reproducían con frecuencia este ritmo a tal punto que Regalarte mis noches, del grupo Marabú, se convirtió en mi canción favorita de este género. Bailar bomba —y cualquier otro ritmo— era un verdadero suplicio, no sentía lo que se supone que los negros sienten al bailar; es más, llegué a creer que eso de bailar no era para mí.

Mi compañera de baile en ese entonces era mi hermana mayor —o mejor dicho, yo era su compañera— que con picardía reproducía los movimientos de baile de las coreografías que veíamos en televisión. Ella siempre repetía que yo era muy “tiesa” y que debía soltar el cuerpo para bailar como ella. Y como en ese entonces me gustaban sus movimientos —aunque ahora no le caería mal mejorar— practiqué y practiqué hasta que lo logré.

Pero la mejor forma de referirse a este tradicional ritmo ecuatoriano es hablando de un ícono de la cultura afro y gran representante de esta música: Zoila Úrsula Custodia Espinosa Minda. Aunque su nombre no sea muy popular, el legado que dejó esta mujer, más conocida como ‘Mama Zoila’ o ‘La Reina de la bomba’, es de vital importancia para la historia del pueblo negro.

Cuando supe de la existencia de la ‘La Reina de la bomba’ ya dominaba los pasos de este maravilloso ritmo —aunque nunca con la soltura y destreza que ella tenía—, pero me encantaba ver la vitalidad y energía que poseía esta octagenaria al mover sus caderas. Su entusiasmo, alegría y cálida sonrisa me evocaban el inexistente, pero ansiado recuerdo de mi abuela que no conocí.

Mi percepción sobre Zoilita, al parecer, no se aleja de la realidad, pues quienes tuvieron el privilegio de conocerla aseguran que fue una mujer valiente y feliz que destacó por su carisma y, obviamente, por sus sensuales movimientos. Moviendo la cadera y con el talón para arriba, repetía constantemente a sus aprendices: “Esta es la forma correcta de bailar la bomba”.

Mama Zoilita falleció el 29 de agosto de 2017 a los 84 años de edad en su natal Ambuquí. Ella fue considerada como un patrimonio vivo del país. Madre de 11 hijos, abuela de 33 nietos y 17 bisnietos, trabajó como empleada doméstica en la ciudad de Ibarra y sola sustentó las necesidades de sus hijos. Fue una osada mujer que tuvo que enfrentar la pobreza y el persistente racismo de la sociedad ecuatoriana.

Zoila decía que aprendió a bailar bomba de “pura envidiosa” ya que al ver a su hermana Aída —también líder afro de Imbabura— danzar pese a tener un problema en su pierna, supo que ella también podía hacerlo. En una relato  de su vida, hecho por Patricio Estévez, Zoilita dijo: “De ella aprendí a bailar con la botella, pero no diciendo: ‘¡Dios mío, ayúdame a bailar!’, sino de pura envidia. Tuve envidia y me dije: ‘si esta patoja puede bailar yo por qué no voy a poder’. En ese caso creo que nuestra historia se parece, yo también aprendía a bailar porque quería superar a mi hermana.

“La reina de la bomba” no solo fue una bailarina, su vida, su trabajo y su sonrisa la convierten en un excelente referente de la forma en que vive el pueblo negro. Su legado va más allá de solo la danza, pues fue una incansable activista que promovió el cambio de mentalidad en los jóvenes, motivándolos a profesionalizarse.

Por ahí dicen que “negro que no baila, no es negro” y sin temor a equivocarme diría que es así, pero luego recuerdo la escasa habilidad de mi padre para bailar y repienso lo primero. Sí puedo decir que la mayoría de los negros —sí negros, utilizo este término porque afrodescendiente me parece un eufemismo innecesario que intenta camuflar el racismo— nacemos bailando; y es lógico porque eso es una parte de las manifestaciones culturales de nuestro pueblo, que representa la lucha, la marginación y el sufrimiento y, al mismo tiempo, el orgullo y la alegría de ser negros.

La bomba no solo es un baile, un instrumento musical o un ritmo tradicional, al igual que muchos negros, yo creo que es la vida misma, porque —aparte de la piel, los labios gruesos y el cabello pasudo— es uno de los pocos recuerdos que aún conservamos de los esclavos africanos que nos dieron la vida. Lastimosamente, hoy se encuentra en peligro de desaparecer, por el deceso de los músicos, bailarines y fabricantes de este instrumento; seguramente esto representará una gran carencia en la tradición sonora de esta zona de este país.

Hablar de afrodescendencia en Ecuador hace algunos años era algo casi imposible.Recuerdo que cuando niña el único acercamiento con la cultura afro que había tenido era con las historias que mi padre me contaba. Aunque nunca renegué del color de mi piel, sí fui parte de aquellos que creían —erróneamente— que las mezclas raciales eran para “mejorar la raza” o que el hecho de tener la piel más clara que el resto de negros me hacía mejor. ¡Qué equivocada estaba!

El panorama para mí empezó a cambiar cuando en la adolescencia empecé a adueñarme de mi identidad y busqué comprender ese vasto universo que rodeaba a mi cultura. Para mi sorpresa, había muy poca información sobre el pueblo afro y eso me resultaba frustrante. No era fácil entender y amar lo que hasta ese momento había invisibilizado, y la falta de referentes negros no ayudaba. Todo esto reflejaba una injusticia tremenda, no solo hacia mí, sino hacia todos los niños y jóvenes que necesitan entender la importancia de preservar nuestra cultura.

En una búsqueda microscópica de referentes que me ayuden en mi proceso de apropiación, descubrí grandes figuras como: Antonio Preciado, Papá Roncón, Don Naza, las tres Marías y Zoila Espinosa; y aunque deben existir muchos más, estoy segura de que el racismo de este país se ha encargado de ocultarlos.

Como una forma de distracción y tradición oral entre los afrochoteños (población afrodescendiente asentada en el Valle del Chota) surgió la bomba, en el siglo XVII. Estoy segura que muchas personas, al igual que yo, están en la búsqueda constante de su identidad y que de a poco se vayan evaporando las expresiones culturales del pueblo afro es un gravísimo problema.

José Martí decía que “un pueblo culto es un pueblo libre” , porque cuando uno logra entender y apropiarse de su cultura, cosas asombrosas suceden. Esto es un puente que logra la coherencia entre quién soy yo y cómo me relaciono con el mundo. “La Reina de la Bomba” fue una mujer sencilla, humilde y con escasa preparación académica, pero que sin duda tuvo una enorme inteligencia y vitalidad que la llevaron a representar al país en no solo en concursos de baile en el exterior, sino también el el activismo. Una de las principales características de esta mujer fue su profundo sentido de pertenencia e identidad, algo que en la actualidad se ha ido difuminando en las nuevas generaciones.

Cuando uno logra desarrollar el sentido de pertenencia e identidad se autodescubre y entiende que es parte de un grupo social que padece de discriminación múltiple  —aunque a uno no le haya sucedido —, se anima a querer trascender en las relaciones sociales de dominio y poder en búsqueda de una sociedad equitativa y solo allí es capaz de celebrar, enorgullecerse y reivindicar, en uno y en los otros, la negritud que nos abraza. Cuando uno logra entender eso, también reclama independencia e intenta construir un nuevo concepto de afrodescendencia, alejado de los estereotipos y prejuicios que se han construido sobre nuestra etnia.

Aunque en la actualidad son varios los afrodescendientes que se desempeñan en la esfera pública, hay espacios de la sociedad que aún no están habitados por estos ciudadanos, lo que responde a un patrón discriminatorio persistente que impide una integración plena en todos los sentidos. No hay cifras que demuestren la brutalidad y las atrocidades cometidas en contra de los afrodescendientes durante el periodo de la conquista, pero se cree que alrededor de 14 millones de africanos fueron secuestrados de su tierra natal para ser llevados al “Nuevo Mundo” en calidad de esclavos. Aunque la esclavitud fue abolida en 1865, no fue hasta mediados del siglo XX que los abusos y la discriminación se redujeron.

Sin embargo, el racismo no se ha reducido. Lo que ha hecho es transformarse y naturalizarse de tal forma que percibirlo es casi imposible.

¿AFRODESCENDENCIA O NEGRITUD?

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Tomada de Google images 

Afrodescendiente, oscurito, persona de color o morenito, son algunos de los eufemismos utilizados para aplacar o esconder el racismo. Algunos amigos utilizaban estos términos para hacerme sentir mejor, para no sonar groseros, asumiendo que no me gustaba la palabra negra.

En varias ocasiones he escuchado a hombres y mujeres negras decir que no les gusta ser llamados negros, y otros tantos que rechazan el calificativo afrodescendiente. Hace tiempo he estado pensando en la diferencia de estos términos, ¿por qué el uso de cualquiera de estos, puede violentar la dignidad de una persona, por qué si los usamos estamos transgrediendiendo la autopercepción étnica de un ser humano?

En fin, investigando me he encontrado con diversas cuestiones que van desde la percepción étnica hasta la postura política de un individuo, dependiendo de ello se avala o rechaza el uso de los calificativos negro o afrodescendiente.

La palabra negro fue utilizada durante la conquista, para referirse a aquellas personas que llegaron desde África en calidad de esclavos. Esta palabra ha sido naturalizada y es parte de la reapropiación étnica de un grupo.

En Estados Unidos durante la segregación, en los años 60s, se promovió el uso de esta palabra con leyendas como: “Black is beautiful, Black Power”, incluso el movimiento social “Black Panters” acuñó el término.

Hoy en día solo pueden ser llamados negros, aquellos que poseen una característica fenotípica derivada de esta raza, aquellos que a través de su piel refuerzan la existencia de la negrura en su sangre. En otras palabras, solo aquellos con piel evidentemente oscura pueden ser llamados negros, mientras que aquellos que apenas tienen vestigios de la fuerte melanina característica de los descendientes africanos en su piel, deben ser llamados afrodescendientes.

Aunque la palabra afrodescendiente designa la herencia africana de un individuo, y está más relacionada cono una característica genotípica de un ser humano, también es utilizado y reivindica políticamente, la condición de una minoría étnica, que se auto-asume de origen africano.

En las luchas sociales y políticas que encabezan estos movimientos es común ver y oír AFRODESCENDIENTE como sinónimo de reapropiación y resignificación.

Personalmente, y aunque no me gusta el uso del término afrodescendiente para definirme, lo uso, al igual que mi cabello, como una medida política, de apropiación y aceptación de mi calidad de mujer negra o como socialmente se aceptaría mujer afrodescendiente.

La afrodescendencia y la negritud son un tema muy sensible entre los descendientes de africanos, pues por un lado hay quienes aceptan y asumen su origen y pertenencia étnica por el color de su piel, mientra que hay otros que aceptan su origen, pero consideran ofensivo y discriminatorio recibir el calificativo de negro.

Pero como en algún lado oí, es mejor llamar a las personas por su nombre y no por sus características físicas, nadie debe ser llamado indígena o mestizo y debe asumirlo como correcto, de la misma forma a ningún negro o afrodescendiente debe ser llamado así, somos humanos, somos como tú.

25 de mayo: Día de la madre Patria

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Tomada de: Consciencia Eco 

“¡Negra soy, pero bonita!”, dice la Biblia en el Cantar de los Cantares. ¿Casualidad o profetismo? Realmente no lo sé, pero este 25 de mayo se celebra el Día de África, fecha que nos permite conmemorar la historia del continente africano. Este día está marcado por un interesante discurso de unificación y de reconocimiento de la cultura africana, que fue violentada por más de 400 años; factores como la esclavización, la trata trasatlántica de esclavos y la colonización fueron el inicio de una gran desigualdad.

El origen de esta celebración se remonta al 25 de mayo de 1963 cuando 32 lí­deres de estados africanos se reunieron en Addis Abeba para formar la Organización de la Unidad Africana (OUA), hoy llamada Unión Africana (UA).

La relevancia de esta fecha radica en que es una celebración muy importante: se cumple el aniversario número 54 del Día de África y de la unidad africana. Esto nos brinda una significativa oportunidad para reflexionar sobre los avances y la transformación que ha tenido lugar en el continente africano, así como la gran lucha de reivindicación social, económica y cultural de la etnia africana, además permite profundizar en fenómenos tales como el colonialismo, el poscolonialismo y la subalteridad, que brindan una visión más acertada de los complejos problemas del mundo contemporáneo; el desarrollo de los pueblos, la guerra, la inseguridad, el hambre y la desigualdad que aquejan al continente africano y en general a todas y todos los negros en el mundo entero.

En 1986, después de un descubrimiento científico se logró determinar tras analizar varias muestras de ADN de seres humanos de todos los continentes que África es la cuna de la humanidad, pues sí, ¡África es la madre Patria! James Wainscoat junto a su equipo de investigadores, demostraron que ¡Todos y todas somos afrodescendientes!

El primer grupo humano vivió en la región oriental de África, actuales territorios de Etiopía, Kenia y Tanzania hace unos 150.000 años y luego se movilizaron a Asia, Europa y a América hace unos 50.000 años. En estas regiones, el Sol es más piadoso, por lo que la pigmentación oscura de la piel fue desapareciendo y esta se tornó cada vez más blanca.

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Tomada de: Trending Topic MX

Entonces, ahora sabemos que en realidad el humano original es “negro y bonito” como lo dice el Cantar de los cantares, esto es una sorpresa o más bien una predicción bíblica, que demuestra que mientras más blancos somos, más desteñidos estamos.

En nuestro país, nos encontramos en una época en la que se busca constantemente nuevos y mejores referentes para construir un mejor Ecuador y aunque aún existe un racismo espantoso, que en ocasiones no nos permite reconocer los grandes valores de la cultura y sabiduría africana, mucho podríamos aprender sobre el empuje y tenacidad de los negros que siempre anhelaron la libertad, sobre el dolor de dejar su tierra para ser sometidos a la más cruel y prolongada barbarie que ha azotado la humanidad y que los ha hecho fuertes, por qué no nos dejamos inspirar por la fortaleza y lucha heroica de nuestros ancestros, que nunca se rindieron.

Felicidades entonces para todas y todos nosotros en el día de África, la tierra que hace miles de años nos parió negras y negros y nos permite valorar a su justo precio nuestros orígenes representados hoy en hombres y mujeres negras que pueblan nuestro país. Que este día sirva para hacernos perdonar y olvidar nuestro racismo, explícito o a veces inconsciente, agradezcamos inmensamente y comprometámonos en encontrar los senderos por los que tenemos que transitar hacia un mejor futuro.

Un par de días en el mes…

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Fuente: Página de Facebook de Feluna

Hay un par de días en el mes, en los que la naturaleza se encarga de reafirmarnos nuestra condición de mujeres. Los relatos bíblicos dicen que fue el castigo de Dios hacia la mujer por su desobediencia, mientras la ciencia dice que es la forma en que el cuerpo femenino comunica su capacidad de reproducción.

Las mujeres durante este periodo expulsamos a través de nuestras entrañas, los vestigios que nos alejan de la maternidad dando así por finalizado un ciclo. Este ciclo es constante inicia en la adolescencia, —cuando la mujer está biológicamente preparada para ser madre— se interrumpe con la presencia del embarazo; y únicamente se puede dar por terminado con la llegada de la menopausia.

Es un proceso natural que todas las mujeres experimentamos mensualmente y que durará aproximadamente tres décadas, dependiendo de la mujer. Este proceso biológico, en ocasiones, puede resultar muy doloroso y desesperante, por lo que ha traído consigo una pesada carga de estereotipos y  como consecuencia genera un estigma social y rechazo entre las féminas.

Y es que, ¿qué mujer no ha sentido, por lo menos una vez en la vida, molestia o rechazo hacia su regla? La menstruación no solo representa dolor y malestar para quien la “sufre”, también es considerada socialmente como algo sucio y desagradable que se debe mantener en secreto.

Desde la primera vez que aparece la menstruación, las mujeres somos educadas en una pedagogía que supone que nuestros cuerpos no son ideales y que con el paso del tiempo deben serlo, para recibir la aprobación masculina. Menstruar es un tabú en la sociedad moderna, pues refuerza la marca que define a la mujer como un ser irrefrenable e incontrolable.

La sociedad y nuestra propia vergüenza juzgan al cuerpo femenino como problemático y defectuoso durante la menstruación, por lo que las toallas y los tampones son nuestros aliados para enmascararla.

La popularización de los productos de “higiene íntima” —lo escribo así porque esta expresión representa la idea de un cuerpo sucio por el simple hecho de menstruar— ha ayudado a las mujeres a seguir con sus actividades diarias, sin tener que preocuparse por las desagradables manchas rojas que deja su periodo, pero ha invisibilizado al incontrolable sangrando femenino a tal punto que la industria de cuidado personal usa la vergüenza con la que vivimos la menstruación para vendernos artículos que la escondan.

Todas las mujeres deberíamos tener la posibilidad de sangrar libremente, ya que es inevitable detener el flujo menstrual. En varios países la menstruación aún es mal vista, provocando problemas de salud, exclusión y vergüenza en las niñas que por falta de recursos no pueden gestionar correctamente su periodo.

El 48% de las niñas de Irán y el 10% de las niñas de la India cree que la menstruación es una enfermedad, según un estudio realizado por las Naciones Unidas. Mientras que en algunas zonas de África las niñas no asisten a la escuela durante su periodo por falta de acceso al agua y productos femeninos y deben recurrir al uso de materiales como: fibras de plátano, trapos, maderas o bolsas, durante su periodo, según un estudio en Uganda.

Dejar ver nuestra sangre puede resultar muy embarazoso, pero es importante y necesario que empecemos a apropiarnos de ella y experimentemos las sensaciones que trae consigo el sangrado. Tomemos conciencia de ella y celebremos su existencia, pues no solo representa salud y una nueva oportunidad de dar vida sino también nos reafirma nuestra condición femenina.

¡Anímate!

Ecuador y su doble moral

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Fuente: Sopitas.com

A un par de semanas de que Donald Trump, fue electo como el nuevo presidente de Estados Unidos de Norteamérica, el mundo tiembla de impotencia y rechazo hacia el magnate. Los principales periódicos y noticiarios del mundo se hacen eco de las protestas en rechazo al nuevo huésped de la casa blanca.

Como era de esperarse la ola de violencia y racismo en contra de los grupos minoritarios no se ha hecho esperar, ante la mirada atónita del mundo que aguarda con calma el desenlace de esta historia que por momentos parece de terror.

Desde el triunfo electoral de Trump escucho y observo comentarios de rechazo hacia el nuevo presidente. Algunos critican comportamientos pasados del presidente electo y emiten comentarios tan violentos como las acciones que se le atribuyen a Trump.

Pero mi asombro radica en la doble moral de algunas personas en Ecuador. Este escenario, tan real como vergonzoso al que diariamente me enfrento, me ha llevado a reflexionar sobre cuán hipócritas podemos ser cuando de otros se trata; y como bien dice el conocido refrán popular “la paja molesta cuando está en ojo ajeno”.

Si nos detenemos a pensar por un segundo sabremos que esos mismos hombres que califican a Trump de machista y misógino son los que golpean a sus esposas e hijas, amparados en ese falso argumento de superioridad, que aunque es falso ha sido legitimado por la sociedad y es reproducido a gran escala especialmente en los países de Latinoamérica.

Otros tantos lo acusan de racista y xenófobo, pero esas mismas personas que lo señalan son los que cambian de acera cuando ven a un negro por temor a que los asalte, esos que cuando juega la selección les mentan hasta la madre a los “negros chuecos” por no hacer un gol, esos mismos que en una pelea gritan “indio sucio” a su contrincante, con la intención de ofender. Y ni que decir sobre las deportaciones masivas planteadas por el magnate, muchos se escandalizan y lo señalan, olvidando cuanto les molesta la presencia de ciudadanos cubanos y colombianos en el país, asegurando que la mayoría de estos inmigrantes solo vienen a delinquir y a quitarnos el trabajo.

Con honestidad no entiendo y aunque intente hacerlo, no puedo. Pues me niego a ser parte de ese discurso cargado de hipocresía, mentiras y prejuicios en contra de una persona, a la que si bien es cierto no defiendo pues estoy consciente de que probablemente no sea la más adecuada, ni admirable para gobernar “la capital del mundo”, pero que la mayoría de nosotros no conocemos y que no tenemos el derecho de juzgar si somos como él.

La apropiación cultural y el mito de la belleza

 

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Fuente: Página de facebook de African Fashion

La apropiación cultural es un fenómeno que ha tomado fuerza en los últimos años y que se ha visto respaldada por el impacto social y mediático que genera. Es así que diariamente se observa en los medios la imposición de nuevas características y elementos que son reproducidos a gran escala por la sociedad. La apropiación cultural responde a la usurpación de características simbólicas y principalmente de valor estético, que una cultura dominante ejerce sobre una cultura históricamente oprimida.

Hoy, la cultura negra está inmersa en una explotación comercial que diariamente enriquece el bolsillo de aquellos que se han apropiado de esta cultura y la han convertido en su principal fuente de ingresos y el anhelo de multitudes.

La imposición de patrones blancos en la belleza es el resultado de una cultura patriarcal fuertemente marcada por el sexismo, el racismo y el etnocentrismo, que han generado un descredito en la belleza negra, convenciendo de que las figuras curvilíneas, los glúteos y los pechos grandes, el cabello pasudo, las narices anchas y los labios gruesos son detestables y hasta grotescos en mujeres de descendencia africana, pero que en mujeres blancas puede ser considerado como exótico, sexy, deseable y envidiable.

Cuerpos vendibles, marcados por el erotismo y que sin duda han tenido uno que otro retoque estético, son algunas de las manifestaciones culturales que se acentúan con fuerza en los medios de comunicación, representados en su mayoría por mujeres blancas, en las que la belleza de la mujer negra resulta bella, esa misma belleza que irónicamente en la mujer negra es rechazada.

¿Pero las mujeres negras no se han apropiado de algunas características de las mujeres blancas, su lenguaje, vestimenta y religión? ¿Eso no es apropiación cultural? Pues no, no se puede confundir la asimilación cultural forzada con la apropiación cultural, si hoy se habla castellano o inglés y se venera al mismo Dios, eso es el resultado de una colonización forzada y sangrienta que originó la extinción de las lenguas nativas y de las prácticas religiosas.

Lo nocivo de la apropiación cultural, no es que mujeres de otras culturas usen o reproduzcan elementos propios de la cultura negra, sino el poder que esta tiene de crear y acentuar estereotipos que generan una visión distorsionada, que obviamente es equívoca.

Para bien o para mal, la presencia de la cultura negra en mujeres blancas es una realidad latente, en una sociedad que sataniza la belleza negra, la deconstruye, la crítica y la minimiza. Estas representaciones obligan a destruir  patrones y estereotipos cargados de racismo, en favor de una representación más justa y diversa de la propia existencia, donde la belleza de la mujer sea apreciada en todos sus sentidos y no solo por el color de la piel.

By: Génesis Anangonó

Fuentes: