MI CABELLO, MI IDENTIDAD

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Fuente: Google Images

Tengo 19 años, de los cuales 16 pasé creyendo que mi cabello era feo. Durante mucho tiempo la sociedad ha impuesto estándares de belleza que descalifican al cabello rizado, si una mujer negra lleva su cabello de forma natural este puede ser tildado de sucio y desagradable. Aunque actualmente el estilo afro es parte de un movimiento estético, en los años 50 fue un atributo de la mujer negra, que traía consigo una enorme carga política e identitaria.

Hoy por hoy varias mujeres afrodescendientes ven en él un símbolo de reivindicación de la negritud. Muchas, hemos dejado de alisar nuestros cabellos para llevarlos de forma natural, dejando atrás los inalcanzables estándares de belleza y logrando apropiarnos de nuestra cultura.

Reivindicar nuestra identidad individual y colectiva como mujeres negras es un proceso tan justo como necesario, que al final nos fortalece y empodera, permitiéndonos llevar con orgullo el legado africano, que llevamos no solo en la piel, sino en la cabeza y en el corazón.

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Un par de días en el mes…

feluna

Fuente: Página de Facebook de Feluna

Hay un par de días en el mes, en los que la naturaleza se encarga de reafirmarnos nuestra condición de mujeres. Los relatos bíblicos dicen que fue el castigo de Dios hacia la mujer por su desobediencia, mientras la ciencia dice que es la forma en que el cuerpo femenino comunica su capacidad de reproducción.

Las mujeres durante este periodo expulsamos a través de nuestras entrañas, los vestigios que nos alejan de la maternidad dando así por finalizado un ciclo. Este ciclo es constante inicia en la adolescencia, —cuando la mujer está biológicamente preparada para ser madre— se interrumpe con la presencia del embarazo; y únicamente se puede dar por terminado con la llegada de la menopausia.

Es un proceso natural que todas las mujeres experimentamos mensualmente y que durará aproximadamente tres décadas, dependiendo de la mujer. Este proceso biológico, en ocasiones, puede resultar muy doloroso y desesperante, por lo que ha traído consigo una pesada carga de estereotipos y  como consecuencia genera un estigma social y rechazo entre las féminas.

Y es que, ¿qué mujer no ha sentido, por lo menos una vez en la vida, molestia o rechazo hacia su regla? La menstruación no solo representa dolor y malestar para quien la “sufre”, también es considerada socialmente como algo sucio y desagradable que se debe mantener en secreto.

Desde la primera vez que aparece la menstruación, las mujeres somos educadas en una pedagogía que supone que nuestros cuerpos no son ideales y que con el paso del tiempo deben serlo, para recibir la aprobación masculina. Menstruar es un tabú en la sociedad moderna, pues refuerza la marca que define a la mujer como un ser irrefrenable e incontrolable.

La sociedad y nuestra propia vergüenza juzgan al cuerpo femenino como problemático y defectuoso durante la menstruación, por lo que las toallas y los tampones son nuestros aliados para enmascararla.

La popularización de los productos de “higiene íntima” —lo escribo así porque esta expresión representa la idea de un cuerpo sucio por el simple hecho de menstruar— ha ayudado a las mujeres a seguir con sus actividades diarias, sin tener que preocuparse por las desagradables manchas rojas que deja su periodo, pero ha invisibilizado al incontrolable sangrando femenino a tal punto que la industria de cuidado personal usa la vergüenza con la que vivimos la menstruación para vendernos artículos que la escondan.

Todas las mujeres deberíamos tener la posibilidad de sangrar libremente, ya que es inevitable detener el flujo menstrual. En varios países la menstruación aún es mal vista, provocando problemas de salud, exclusión y vergüenza en las niñas que por falta de recursos no pueden gestionar correctamente su periodo.

El 48% de las niñas de Irán y el 10% de las niñas de la India cree que la menstruación es una enfermedad, según un estudio realizado por las Naciones Unidas. Mientras que en algunas zonas de África las niñas no asisten a la escuela durante su periodo por falta de acceso al agua y productos femeninos y deben recurrir al uso de materiales como: fibras de plátano, trapos, maderas o bolsas, durante su periodo, según un estudio en Uganda.

Dejar ver nuestra sangre puede resultar muy embarazoso, pero es importante y necesario que empecemos a apropiarnos de ella y experimentemos las sensaciones que trae consigo el sangrado. Tomemos conciencia de ella y celebremos su existencia, pues no solo representa salud y una nueva oportunidad de dar vida sino también nos reafirma nuestra condición femenina.

¡Anímate!