MAMA ZOILA: EL LEGADO DE LA NEGRITUD

Este es un texto que escribí en octubre, para la La Caja Negra, con la inspiración de una gran mujer, icono de la cultura afro y símbolo de reivindicación de la negritud. La realización de este trabajo me enorgullece porque me ha acercado más a mi búsqueda constante de identidad, a la herencia cultural que me dio mi padre y lo escribí con profunda alegría para conmemorar el mes del pueblo afroecuatoriano.
Pueden leer el texto original AQUÍ

Dicen que cuando alguien tiene un talento, ese alguien es el último en darse cuenta. Y así me sucedió a mí con la escritura —o eso dicen—; la facilidad de dibujar historias en mi cabeza, de engañar a la tristeza, al sueño y al cansancio, mientras escribo, se asemejan al amor por el baile de la “Reina de la Bomba”. Zoilita decía que el hambre, el sueño y la tristeza se pueden curar bailando bombaY es que cuando uno ama lo que hace es fácil hacerlo.

Yo descubrí la bomba a temprana edad. En casa mis padres reproducían con frecuencia este ritmo a tal punto que Regalarte mis noches, del grupo Marabú, se convirtió en mi canción favorita de este género. Bailar bomba —y cualquier otro ritmo— era un verdadero suplicio, no sentía lo que se supone que los negros sienten al bailar; es más, llegué a creer que eso de bailar no era para mí.

Mi compañera de baile en ese entonces era mi hermana mayor —o mejor dicho, yo era su compañera— que con picardía reproducía los movimientos de baile de las coreografías que veíamos en televisión. Ella siempre repetía que yo era muy “tiesa” y que debía soltar el cuerpo para bailar como ella. Y como en ese entonces me gustaban sus movimientos —aunque ahora no le caería mal mejorar— practiqué y practiqué hasta que lo logré.

Pero la mejor forma de referirse a este tradicional ritmo ecuatoriano es hablando de un ícono de la cultura afro y gran representante de esta música: Zoila Úrsula Custodia Espinosa Minda. Aunque su nombre no sea muy popular, el legado que dejó esta mujer, más conocida como ‘Mama Zoila’ o ‘La Reina de la bomba’, es de vital importancia para la historia del pueblo negro.

Cuando supe de la existencia de la ‘La Reina de la bomba’ ya dominaba los pasos de este maravilloso ritmo —aunque nunca con la soltura y destreza que ella tenía—, pero me encantaba ver la vitalidad y energía que poseía esta octagenaria al mover sus caderas. Su entusiasmo, alegría y cálida sonrisa me evocaban el inexistente, pero ansiado recuerdo de mi abuela que no conocí.

Mi percepción sobre Zoilita, al parecer, no se aleja de la realidad, pues quienes tuvieron el privilegio de conocerla aseguran que fue una mujer valiente y feliz que destacó por su carisma y, obviamente, por sus sensuales movimientos. Moviendo la cadera y con el talón para arriba, repetía constantemente a sus aprendices: “Esta es la forma correcta de bailar la bomba”.

Mama Zoilita falleció el 29 de agosto de 2017 a los 84 años de edad en su natal Ambuquí. Ella fue considerada como un patrimonio vivo del país. Madre de 11 hijos, abuela de 33 nietos y 17 bisnietos, trabajó como empleada doméstica en la ciudad de Ibarra y sola sustentó las necesidades de sus hijos. Fue una osada mujer que tuvo que enfrentar la pobreza y el persistente racismo de la sociedad ecuatoriana.

Zoila decía que aprendió a bailar bomba de “pura envidiosa” ya que al ver a su hermana Aída —también líder afro de Imbabura— danzar pese a tener un problema en su pierna, supo que ella también podía hacerlo. En una relato  de su vida, hecho por Patricio Estévez, Zoilita dijo: “De ella aprendí a bailar con la botella, pero no diciendo: ‘¡Dios mío, ayúdame a bailar!’, sino de pura envidia. Tuve envidia y me dije: ‘si esta patoja puede bailar yo por qué no voy a poder’. En ese caso creo que nuestra historia se parece, yo también aprendía a bailar porque quería superar a mi hermana.

“La reina de la bomba” no solo fue una bailarina, su vida, su trabajo y su sonrisa la convierten en un excelente referente de la forma en que vive el pueblo negro. Su legado va más allá de solo la danza, pues fue una incansable activista que promovió el cambio de mentalidad en los jóvenes, motivándolos a profesionalizarse.

Por ahí dicen que “negro que no baila, no es negro” y sin temor a equivocarme diría que es así, pero luego recuerdo la escasa habilidad de mi padre para bailar y repienso lo primero. Sí puedo decir que la mayoría de los negros —sí negros, utilizo este término porque afrodescendiente me parece un eufemismo innecesario que intenta camuflar el racismo— nacemos bailando; y es lógico porque eso es una parte de las manifestaciones culturales de nuestro pueblo, que representa la lucha, la marginación y el sufrimiento y, al mismo tiempo, el orgullo y la alegría de ser negros.

La bomba no solo es un baile, un instrumento musical o un ritmo tradicional, al igual que muchos negros, yo creo que es la vida misma, porque —aparte de la piel, los labios gruesos y el cabello pasudo— es uno de los pocos recuerdos que aún conservamos de los esclavos africanos que nos dieron la vida. Lastimosamente, hoy se encuentra en peligro de desaparecer, por el deceso de los músicos, bailarines y fabricantes de este instrumento; seguramente esto representará una gran carencia en la tradición sonora de esta zona de este país.

Hablar de afrodescendencia en Ecuador hace algunos años era algo casi imposible.Recuerdo que cuando niña el único acercamiento con la cultura afro que había tenido era con las historias que mi padre me contaba. Aunque nunca renegué del color de mi piel, sí fui parte de aquellos que creían —erróneamente— que las mezclas raciales eran para “mejorar la raza” o que el hecho de tener la piel más clara que el resto de negros me hacía mejor. ¡Qué equivocada estaba!

El panorama para mí empezó a cambiar cuando en la adolescencia empecé a adueñarme de mi identidad y busqué comprender ese vasto universo que rodeaba a mi cultura. Para mi sorpresa, había muy poca información sobre el pueblo afro y eso me resultaba frustrante. No era fácil entender y amar lo que hasta ese momento había invisibilizado, y la falta de referentes negros no ayudaba. Todo esto reflejaba una injusticia tremenda, no solo hacia mí, sino hacia todos los niños y jóvenes que necesitan entender la importancia de preservar nuestra cultura.

En una búsqueda microscópica de referentes que me ayuden en mi proceso de apropiación, descubrí grandes figuras como: Antonio Preciado, Papá Roncón, Don Naza, las tres Marías y Zoila Espinosa; y aunque deben existir muchos más, estoy segura de que el racismo de este país se ha encargado de ocultarlos.

Como una forma de distracción y tradición oral entre los afrochoteños (población afrodescendiente asentada en el Valle del Chota) surgió la bomba, en el siglo XVII. Estoy segura que muchas personas, al igual que yo, están en la búsqueda constante de su identidad y que de a poco se vayan evaporando las expresiones culturales del pueblo afro es un gravísimo problema.

José Martí decía que “un pueblo culto es un pueblo libre” , porque cuando uno logra entender y apropiarse de su cultura, cosas asombrosas suceden. Esto es un puente que logra la coherencia entre quién soy yo y cómo me relaciono con el mundo. “La Reina de la Bomba” fue una mujer sencilla, humilde y con escasa preparación académica, pero que sin duda tuvo una enorme inteligencia y vitalidad que la llevaron a representar al país en no solo en concursos de baile en el exterior, sino también el el activismo. Una de las principales características de esta mujer fue su profundo sentido de pertenencia e identidad, algo que en la actualidad se ha ido difuminando en las nuevas generaciones.

Cuando uno logra desarrollar el sentido de pertenencia e identidad se autodescubre y entiende que es parte de un grupo social que padece de discriminación múltiple  —aunque a uno no le haya sucedido —, se anima a querer trascender en las relaciones sociales de dominio y poder en búsqueda de una sociedad equitativa y solo allí es capaz de celebrar, enorgullecerse y reivindicar, en uno y en los otros, la negritud que nos abraza. Cuando uno logra entender eso, también reclama independencia e intenta construir un nuevo concepto de afrodescendencia, alejado de los estereotipos y prejuicios que se han construido sobre nuestra etnia.

Aunque en la actualidad son varios los afrodescendientes que se desempeñan en la esfera pública, hay espacios de la sociedad que aún no están habitados por estos ciudadanos, lo que responde a un patrón discriminatorio persistente que impide una integración plena en todos los sentidos. No hay cifras que demuestren la brutalidad y las atrocidades cometidas en contra de los afrodescendientes durante el periodo de la conquista, pero se cree que alrededor de 14 millones de africanos fueron secuestrados de su tierra natal para ser llevados al “Nuevo Mundo” en calidad de esclavos. Aunque la esclavitud fue abolida en 1865, no fue hasta mediados del siglo XX que los abusos y la discriminación se redujeron.

Sin embargo, el racismo no se ha reducido. Lo que ha hecho es transformarse y naturalizarse de tal forma que percibirlo es casi imposible.

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¿AFRODESCENDENCIA O NEGRITUD?

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Tomada de Google images 

Afrodescendiente, oscurito, persona de color o morenito, son algunos de los eufemismos utilizados para aplacar o esconder el racismo. Algunos amigos utilizaban estos términos para hacerme sentir mejor, para no sonar groseros, asumiendo que no me gustaba la palabra negra.

En varias ocasiones he escuchado a hombres y mujeres negras decir que no les gusta ser llamados negros, y otros tantos que rechazan el calificativo afrodescendiente. Hace tiempo he estado pensando en la diferencia de estos términos, ¿por qué el uso de cualquiera de estos, puede violentar la dignidad de una persona, por qué si los usamos estamos transgrediendiendo la autopercepción étnica de un ser humano?

En fin, investigando me he encontrado con diversas cuestiones que van desde la percepción étnica hasta la postura política de un individuo, dependiendo de ello se avala o rechaza el uso de los calificativos negro o afrodescendiente.

La palabra negro fue utilizada durante la conquista, para referirse a aquellas personas que llegaron desde África en calidad de esclavos. Esta palabra ha sido naturalizada y es parte de la reapropiación étnica de un grupo.

En Estados Unidos durante la segregación, en los años 60s, se promovió el uso de esta palabra con leyendas como: “Black is beautiful, Black Power”, incluso el movimiento social “Black Panters” acuñó el término.

Hoy en día solo pueden ser llamados negros, aquellos que poseen una característica fenotípica derivada de esta raza, aquellos que a través de su piel refuerzan la existencia de la negrura en su sangre. En otras palabras, solo aquellos con piel evidentemente oscura pueden ser llamados negros, mientras que aquellos que apenas tienen vestigios de la fuerte melanina característica de los descendientes africanos en su piel, deben ser llamados afrodescendientes.

Aunque la palabra afrodescendiente designa la herencia africana de un individuo, y está más relacionada cono una característica genotípica de un ser humano, también es utilizado y reivindica políticamente, la condición de una minoría étnica, que se auto-asume de origen africano.

En las luchas sociales y políticas que encabezan estos movimientos es común ver y oír AFRODESCENDIENTE como sinónimo de reapropiación y resignificación.

Personalmente, y aunque no me gusta el uso del término afrodescendiente para definirme, lo uso, al igual que mi cabello, como una medida política, de apropiación y aceptación de mi calidad de mujer negra o como socialmente se aceptaría mujer afrodescendiente.

La afrodescendencia y la negritud son un tema muy sensible entre los descendientes de africanos, pues por un lado hay quienes aceptan y asumen su origen y pertenencia étnica por el color de su piel, mientra que hay otros que aceptan su origen, pero consideran ofensivo y discriminatorio recibir el calificativo de negro.

Pero como en algún lado oí, es mejor llamar a las personas por su nombre y no por sus características físicas, nadie debe ser llamado indígena o mestizo y debe asumirlo como correcto, de la misma forma a ningún negro o afrodescendiente debe ser llamado así, somos humanos, somos como tú.

ANTONIO PRECIADO

EL MUNDO DE MI POESÍA NO SE AGOTA EN LA NEGRITUD

Primeramente, soy un hombre, luego soy un hombre negro, con determinadas características étnicas que no me abstraen de mi condición esencial de ser humano que comparte con todos sus semejantes dolores y anhelos inherentes a todas las etnias del mundo, y es dentro de esa generalidad que, dialécticamente, en particular y con sus peculiaridades cabe lo que concierne a la negritud; es decir, como parte del todo que inextricablemente la gran humanidad integra. Por eso, mi poesía no se agota en el ámbito de la negritud, sino que entraña el aliento de todo lo humano, las realidades y las voces insustituibles de todos los hombres, que en ella pugnan por expresarse.

– Antonio Preciado –

Empiezo por donde siento que debo empezar, reconociendo mis minúsculas habilidades en el campo de la literatura. Que sea una lectora frecuente, no significa que sea escritora y mi facilidad de palabra en los textos escritos, no me hace una poetisa, aunque confieso: me encantaría serlo.

Mi vocación es el periodismo, contar historias y darle voz a los oprimidos; analizar las contradicciones sociales y luchar por liberar la mente a través de mis textos, eso es para lo único que vivo.

La poesía y la literatura son para mí un placentero vicio, pues, únicamente soy una lectora apasionada, sensible, y pocas veces dedicada. Pero créanme, sé reconocer el talento cuando lo miró, el arte se los dejo a los maestros, esos que ha pulso han labrado un camino en la literatura y poesía, tal es el caso de Antonio Preciado.

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Tomada de: Google images

Antonio Preciado es un poeta, escritor y catedrático afroecuatoriano, nacido en Esmeraldas, es considerado como uno de los máximos exponentes de la poesíaesmeraldeña junto a Nelson Estupiñán Bass.

Con grandes carencias y la pobreza rondando, creció en Esmeraldas, el “valuarte de la lucha” esmeraldeña. Acostumbrado a leer a la luz de un mechero, trabajó como vendedor de periódicos y billetes de lotería, a temprana edad empezó a trabajar como aguatero en los embarques de banano, para más tarde convertirse en cargador de cabezas de plátano. Las condiciones económicas de su familia, lo motivaron a esforzarse para tener un futuro próspero.

Francisca, su abuela materna, lo introdujo a la historia negra. Gracias a ello, se vio “correr por sus venas la sangre de sus antepasados”, y de este modo logró consolidar  la permanencia de los valores de la negritud en él.

Durante su niñez y adolescencia se vio obligado a luchar contra las adversidades, para así lograr su objetivo más grande: “La superación intelectual”.

Su interés por la literatura y poesía se evidenció en 4º grado, cuando creó sus primerospoemas. Ya al final de su adolescencia, cuando había concluido sus estudios, decidió mudarse a la capital para estudiar Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad Católica, en donde se licenció.

Durante su adultez, su sed de justicia lo llevó a involucrarse en el Partido Comunista, completamente convencido de los ideales de Marx y de Lenin, como único medio para lograr su ideal de vida.

Obra poética y raíz africana

Como dije al principio, con mis escasos conocimientos en materia literaria, me atrevo a decir que la poesía de Antonio Preciado no me resulta exclusivamente negra. Aunque indiscutiblemente es de origen africano, también es una expresión del inconsciente afro – indígena y mestizo, lo que realmente es extraordinario, en la obra de Antonio Preciado, razón por la cual su obra es trascendental, tanto así que ha logrado traspasar las fronteras de su propia patria.

Otro aspecto importante de la poesía de Preciado es  la ausencia de  colonizador, ya sea, antiguo o moderno que haya derrotado al pensamiento africano mientras esté viva la palabra, esa expresión que renueva permanente de la cultura.

La poesía negra de Preciado, es una fiesta de espíritus, en medio de luces, sonidos, sombras y movimientos, es una mezcla maravillosa, extraordinaria y única, que desborda lo africano.

En una obra tan vasta me resulta difícil encontrar un poema, pero a continuación les dejo el que más me permite definir la raíz negra de su poesía.

25 de mayo: Día de la madre Patria

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Tomada de: Consciencia Eco 

“¡Negra soy, pero bonita!”, dice la Biblia en el Cantar de los Cantares. ¿Casualidad o profetismo? Realmente no lo sé, pero este 25 de mayo se celebra el Día de África, fecha que nos permite conmemorar la historia del continente africano. Este día está marcado por un interesante discurso de unificación y de reconocimiento de la cultura africana, que fue violentada por más de 400 años; factores como la esclavización, la trata trasatlántica de esclavos y la colonización fueron el inicio de una gran desigualdad.

El origen de esta celebración se remonta al 25 de mayo de 1963 cuando 32 lí­deres de estados africanos se reunieron en Addis Abeba para formar la Organización de la Unidad Africana (OUA), hoy llamada Unión Africana (UA).

La relevancia de esta fecha radica en que es una celebración muy importante: se cumple el aniversario número 54 del Día de África y de la unidad africana. Esto nos brinda una significativa oportunidad para reflexionar sobre los avances y la transformación que ha tenido lugar en el continente africano, así como la gran lucha de reivindicación social, económica y cultural de la etnia africana, además permite profundizar en fenómenos tales como el colonialismo, el poscolonialismo y la subalteridad, que brindan una visión más acertada de los complejos problemas del mundo contemporáneo; el desarrollo de los pueblos, la guerra, la inseguridad, el hambre y la desigualdad que aquejan al continente africano y en general a todas y todos los negros en el mundo entero.

En 1986, después de un descubrimiento científico se logró determinar tras analizar varias muestras de ADN de seres humanos de todos los continentes que África es la cuna de la humanidad, pues sí, ¡África es la madre Patria! James Wainscoat junto a su equipo de investigadores, demostraron que ¡Todos y todas somos afrodescendientes!

El primer grupo humano vivió en la región oriental de África, actuales territorios de Etiopía, Kenia y Tanzania hace unos 150.000 años y luego se movilizaron a Asia, Europa y a América hace unos 50.000 años. En estas regiones, el Sol es más piadoso, por lo que la pigmentación oscura de la piel fue desapareciendo y esta se tornó cada vez más blanca.

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Tomada de: Trending Topic MX

Entonces, ahora sabemos que en realidad el humano original es “negro y bonito” como lo dice el Cantar de los cantares, esto es una sorpresa o más bien una predicción bíblica, que demuestra que mientras más blancos somos, más desteñidos estamos.

En nuestro país, nos encontramos en una época en la que se busca constantemente nuevos y mejores referentes para construir un mejor Ecuador y aunque aún existe un racismo espantoso, que en ocasiones no nos permite reconocer los grandes valores de la cultura y sabiduría africana, mucho podríamos aprender sobre el empuje y tenacidad de los negros que siempre anhelaron la libertad, sobre el dolor de dejar su tierra para ser sometidos a la más cruel y prolongada barbarie que ha azotado la humanidad y que los ha hecho fuertes, por qué no nos dejamos inspirar por la fortaleza y lucha heroica de nuestros ancestros, que nunca se rindieron.

Felicidades entonces para todas y todos nosotros en el día de África, la tierra que hace miles de años nos parió negras y negros y nos permite valorar a su justo precio nuestros orígenes representados hoy en hombres y mujeres negras que pueblan nuestro país. Que este día sirva para hacernos perdonar y olvidar nuestro racismo, explícito o a veces inconsciente, agradezcamos inmensamente y comprometámonos en encontrar los senderos por los que tenemos que transitar hacia un mejor futuro.

MI CABELLO, MI IDENTIDAD

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Fuente: Google Images

Tengo 19 años, de los cuales 16 pasé creyendo que mi cabello era feo. Durante mucho tiempo la sociedad ha impuesto estándares de belleza que descalifican al cabello rizado, si una mujer negra lleva su cabello de forma natural este puede ser tildado de sucio y desagradable. Aunque actualmente el estilo afro es parte de un movimiento estético, en los años 50 fue un atributo de la mujer negra, que traía consigo una enorme carga política e identitaria.

Hoy por hoy varias mujeres afrodescendientes ven en él un símbolo de reivindicación de la negritud. Muchas, hemos dejado de alisar nuestros cabellos para llevarlos de forma natural, dejando atrás los inalcanzables estándares de belleza y logrando apropiarnos de nuestra cultura.

Reivindicar nuestra identidad individual y colectiva como mujeres negras es un proceso tan justo como necesario, que al final nos fortalece y empodera, permitiéndonos llevar con orgullo el legado africano, que llevamos no solo en la piel, sino en la cabeza y en el corazón.

La apropiación cultural y el mito de la belleza

 

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Fuente: Página de facebook de African Fashion

La apropiación cultural es un fenómeno que ha tomado fuerza en los últimos años y que se ha visto respaldada por el impacto social y mediático que genera. Es así que diariamente se observa en los medios la imposición de nuevas características y elementos que son reproducidos a gran escala por la sociedad. La apropiación cultural responde a la usurpación de características simbólicas y principalmente de valor estético, que una cultura dominante ejerce sobre una cultura históricamente oprimida.

Hoy, la cultura negra está inmersa en una explotación comercial que diariamente enriquece el bolsillo de aquellos que se han apropiado de esta cultura y la han convertido en su principal fuente de ingresos y el anhelo de multitudes.

La imposición de patrones blancos en la belleza es el resultado de una cultura patriarcal fuertemente marcada por el sexismo, el racismo y el etnocentrismo, que han generado un descredito en la belleza negra, convenciendo de que las figuras curvilíneas, los glúteos y los pechos grandes, el cabello pasudo, las narices anchas y los labios gruesos son detestables y hasta grotescos en mujeres de descendencia africana, pero que en mujeres blancas puede ser considerado como exótico, sexy, deseable y envidiable.

Cuerpos vendibles, marcados por el erotismo y que sin duda han tenido uno que otro retoque estético, son algunas de las manifestaciones culturales que se acentúan con fuerza en los medios de comunicación, representados en su mayoría por mujeres blancas, en las que la belleza de la mujer negra resulta bella, esa misma belleza que irónicamente en la mujer negra es rechazada.

¿Pero las mujeres negras no se han apropiado de algunas características de las mujeres blancas, su lenguaje, vestimenta y religión? ¿Eso no es apropiación cultural? Pues no, no se puede confundir la asimilación cultural forzada con la apropiación cultural, si hoy se habla castellano o inglés y se venera al mismo Dios, eso es el resultado de una colonización forzada y sangrienta que originó la extinción de las lenguas nativas y de las prácticas religiosas.

Lo nocivo de la apropiación cultural, no es que mujeres de otras culturas usen o reproduzcan elementos propios de la cultura negra, sino el poder que esta tiene de crear y acentuar estereotipos que generan una visión distorsionada, que obviamente es equívoca.

Para bien o para mal, la presencia de la cultura negra en mujeres blancas es una realidad latente, en una sociedad que sataniza la belleza negra, la deconstruye, la crítica y la minimiza. Estas representaciones obligan a destruir  patrones y estereotipos cargados de racismo, en favor de una representación más justa y diversa de la propia existencia, donde la belleza de la mujer sea apreciada en todos sus sentidos y no solo por el color de la piel.

By: Génesis Anangonó

Fuentes: