Soy animalista, antitaurina y no, no soy vegana

Tomada de: Google images

Desde hace varias semanas una interrogante resuena con fuerza en mi cabeza, está se intensifica los martes en el programa de radio que conduzco con mis compañerxs en la universidad. Hace varios días he estado pensando en esta posibilidad. Llevo ya tiempo sintiéndome mal, pensándome como una asesina, deshonesta e inmoral. ¿La causa? La causa es simple, incómoda y triste; y esta a su vez tiene nombre: maltrato animal y conservación ambiental

Siempre he tenido conciencia ambiental, pues crecí en un hogar en el que se respeta a la naturaleza y a los animales, mis padres en su infancia y juventud no es que estén viejos vivieron rodeados de vegetación y animales, de allí el profundo amor y respeto que le profesan y que con ahínco nos han transmitido a mis hermanxs y a mí. En mi casa el ahorro y el reciclaje son temas rutinarios, aquí nunca, bueno casi nunca, encontrarás alimentos descompuestos, se prioriza el consumo de vegetales, compramos bebidas en botellas de vidrio y reciclamos las fundas y botellas plásticas, intentamos no tardarnos mucho en la ducha, aunque con el cabello que mi hermana y yo tenemos, aún seguimos fracasando en el intento.

Empecé a pensar más seriamente en esto de la conservación ambiental hace un par de meses, cuando una de mis amigas más cercanas se involucró de cerca con el tema ambiental y se obsesionó con el mismo. Durante su breve estancia en el Ministerio de Ambiente palpó de cerca la realidad a la que nos enfrentamos como país.

Somos uno de los países más privilegiados del mundo, contamos con un 10% del total de especies vegetales de todo el planeta, de este porcentaje la mayor parte está en la Cordillera de los Andes donde se calcula que hay aproximadamente 10 mil especies, en la Amazonía existen alrededor de 8.200, de ese número 2.725 especies son orquídeas y en Galápagos hay cerca de 600 especies nativas y otras 250 introducidas por el hombre. Tres de las doce zonas claves de biodiversidad, identificadas por el Norman Myers, se encuentran en el Ecuador continental y la diversidad climática ha dado lugar a más de 25 mil especies de árboles.

En Ecuador también está el 8% de las especies de animales y el 18% de las de aves de todo el planeta, existen cerca de 3.800 especies de vertebrados identificadas, 1.550 de mamíferos, 350 de reptiles, 375 de anfibios, 800 especies de peces de agua dulce y 450 de agua salada. De igual forma, este pedacito de tierra, tiene el 15% del total de especies endémicas de aves en el mundo, las cuales habitan en los Andes, en la región la costa y en la amazonía, así mismo las especies de insectos sobrepasan el millón, y las mariposas llegan a las 4.500, distribuidas a lo largo y ancho de nuestro pequeño territorio.

Pero no todo es tan maravilloso como parece y también somos un país que tiene un sinnúmero de especies en peligro de extinción. A esto debemos sumarle el riesgo al que constantemente están expuestas las especies marinas en las costas del Pacífico, o sino recordemos que en Galápagos una embarcación china, fue capturada mientras realizaba actividades de arrastre ilegal, en aquella ocasión 300 toneladas de especies protegidas fueron pescadas.

Como es lógico, me sentí profundamente indignada últimamente esta es mi reacción a todo en la viday molesta, porque pensaba en todas las especies marinas que estaban siendo afectadas y asesinadas por estas personas inescrupulosas. Pero luego pensé rápidamente en los pescados, camarones, langostinos, cangrejos, pulpos y demás que me he comido a lo largo de mi “corta” existencia y quise minimizarlo, sin éxito porque más tarde aparecieron nuevamente.

En la universidad tenemos un programa de radio ideado por mi amiga la ambientalista y del que les dejo el enlace por si les interesa chequear Uywakuna Pacha en el que hablamos sobre la fauna silvestre, la investigación semanal que realizamos sobre el tema nos ha llevado a conocer sobre muchos aspectos de la vida de los animales, ha entender que no solo los golpes son maltrato, también lo son el abandono, el encierro, no alimentarlos adecuadamente, el comercio y dejar que enfrenten las condiciones climáticas a la intemperie.

Siempre he estado en contra de cualquiera de estas formas de maltrato, aun sin conocerlas, pero un día alguién me hizo pensar en que comer animales también es una forma de maltrato y que el simple hecho de comerlos me convierte en una asesina… y claro, yo pensé ¡qué carajos! como se te ocurre decir que soy una asesina y, para rematar, doble cara. En su momento esto me pareció una acusación ilógica y desatinada, hasta que me puse a reflexionar sobre cómo matan a los animales que consumimos. No hace falta ir muy lejos para entender la magnitud del maltrato que se infringe a los animales previo a su muerte. Cortes y abrasiones causados por los cuchillos y otras herramientas, caídas en suelos resbaladizos, quemaduras y escaldaduras por agua caliente y vapor, son algunas formas de maltrato que los animales aptos para el consumo humano padecen.

He revisado documentales, artículos de prensa, he visitado sitios de veganismo y he buscado las ventajas y desventajas de consumir productos provenientes de animales, pero en realidad nada de esto me ha convencido, la única razón que me ha llevado a replantearme mis hábitos alimenticios ha sido la crueldad con la que los animales son sometidos. Ante esta situación he pensado seriamente en dejar de comer carne, pero como en muchas otras cosas que he intentado, no he tenido éxito. Y es que es difícil desacostumbrarse a comer algo que consideramos delicioso; y en mi caso considerándome una carnívora en potencia es aún más difícil.

Aunque esta sea una de las mayores contradicciones en mi postura de animalista y antitaurina, consumo proteínas de origen animal, en serio he intentado dejar de comer carne, pero al final del día siento un vacío enorme en el estómago y la ajetreada vida que llevo me impide buscar sitios en los que solo vendan comida vegetariana, además esta es muy costosa y en mi condición de estudiante —pobre, cansada y desempleada— no puedo darme ese lujo, pues tengo otras necesidades.

En una búsqueda microscópica por entender esta contradicción, entendí que todos los animales mueren sacrificados en la cadena alimenticia porque es parte de la vida, es un orden, es NATURAL y aunque nos hayamos convencido de que nuestra condición de racionalidad nos compromete a tener otro tipo de comportamientos que van más allá del instinto, esto puede ser una completa exageración, porque la mayor parte del tiempo reaccionamos instintivamente ante el mundo que nos rodea, como lo afirma el científico Alex Pentland.

En el reino animal siempre se ha matado, no por diversión, sino por necesidad; y comer es una necesidad. Aunque no intento justificar mi doble moral, comer carne no es tan inhumano como ver gente que disfruta cuando un animal agoniza mientras es torturado hasta morir, solo porque él o ella consideran que esto es “cultura y tradición”. Aún me cuesta ser animalista, antitaurina y no ser vegana, pero seguiré en el intento de dejarlo, sin sentirme una asesina, pues al fin y al cabo comer es natural, tanto como dormir, respirar, descansar, abrigarse y tener sexo.

Aunque aún no sé si la contradicción consista en comer carne o en comer carne que patrocina el maltrato animal, de lo que sí estoy segura es que no se puede construir un discurso de conciencia y amor a los animales a partir del odio y el desprecio hacia los animales humanos.

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