Ecuador y su doble moral

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Fuente: Sopitas.com

A un par de semanas de que Donald Trump, fue electo como el nuevo presidente de Estados Unidos de Norteamérica, el mundo tiembla de impotencia y rechazo hacia el magnate. Los principales periódicos y noticiarios del mundo se hacen eco de las protestas en rechazo al nuevo huésped de la casa blanca.

Como era de esperarse la ola de violencia y racismo en contra de los grupos minoritarios no se ha hecho esperar, ante la mirada atónita del mundo que aguarda con calma el desenlace de esta historia que por momentos parece de terror.

Desde el triunfo electoral de Trump escucho y observo comentarios de rechazo hacia el nuevo presidente. Algunos critican comportamientos pasados del presidente electo y emiten comentarios tan violentos como las acciones que se le atribuyen a Trump.

Pero mi asombro radica en la doble moral de algunas personas en Ecuador. Este escenario, tan real como vergonzoso al que diariamente me enfrento, me ha llevado a reflexionar sobre cuán hipócritas podemos ser cuando de otros se trata; y como bien dice el conocido refrán popular “la paja molesta cuando está en ojo ajeno”.

Si nos detenemos a pensar por un segundo sabremos que esos mismos hombres que califican a Trump de machista y misógino son los que golpean a sus esposas e hijas, amparados en ese falso argumento de superioridad, que aunque es falso ha sido legitimado por la sociedad y es reproducido a gran escala especialmente en los países de Latinoamérica.

Otros tantos lo acusan de racista y xenófobo, pero esas mismas personas que lo señalan son los que cambian de acera cuando ven a un negro por temor a que los asalte, esos que cuando juega la selección les mentan hasta la madre a los “negros chuecos” por no hacer un gol, esos mismos que en una pelea gritan “indio sucio” a su contrincante, con la intención de ofender. Y ni que decir sobre las deportaciones masivas planteadas por el magnate, muchos se escandalizan y lo señalan, olvidando cuanto les molesta la presencia de ciudadanos cubanos y colombianos en el país, asegurando que la mayoría de estos inmigrantes solo vienen a delinquir y a quitarnos el trabajo.

Con honestidad no entiendo y aunque intente hacerlo, no puedo. Pues me niego a ser parte de ese discurso cargado de hipocresía, mentiras y prejuicios en contra de una persona, a la que si bien es cierto no defiendo pues estoy consciente de que probablemente no sea la más adecuada, ni admirable para gobernar “la capital del mundo”, pero que la mayoría de nosotros no conocemos y que no tenemos el derecho de juzgar si somos como él.

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